Un delito rara vez ocurre por azar. La criminología práctica suele resumir su gestación en tres condiciones que deben confluir: querer (motivación), poder (capacidad) y oportunidad (condiciones propicias). Si uno de estos pilares falla, el delito se frustra. Este marco —sencillo, operativo y compatible con teorías como la “actividad rutinaria”— permite comprender por qué ciertas ciudades y periodos concentran más hechos violentos, y, sobre todo, dónde intervenir con mayor impacto. A continuación, aplicamos esta lente a la dinámica reciente de la criminalidad en Ecuador.

QUERER: LA MOTIVACIÓN DELICTIVA

Qué es: el impulso interno o incentivo externo que lleva a una persona o grupo a iniciar una conducta ilícita (beneficio económico, prestigio criminal, coacción, retaliación, etc.).

Los incentivos estructurales, como economías ilícitas altamente rentables y normalización del poder criminal, demuestran que estas organizaciones tienen redes con poderes empresariales, judiciales y políticos detrás, lo que eleva las “recompensas” percibidas del delito y el reclutamiento juvenil. Esto alimenta el “querer” porque la renta ilícita parece segura y prestigiosa.

PODER: LA CAPACIDAD DE EJECUCIÓN

Qué es: los medios concretos (armas, logística, financiamiento, habilidades técnicas), la estructura (redes, jefaturas, comunicación) y la impunidad esperada (percepción de que “sí se puede” porque es poco probable ser detenido o sancionado).

Las organizaciones criminales incrementan el “poder” cuando desde las cárceles se opera como centros de mando, (b) la corrupción e infiltración política protegen a las redes, y (c) el Estado actúa reactivo, no ofensivo-estratégico. En entrevistas y artículos sostiene que la respuesta operativa sin inteligencia es insuficiente; demanda un sistema de inteligencia funcional y coordinado que permita atacar finanzas, logística y mando criminal.

OPORTUNIDAD: EL ESCENARIO PROPICIO

Qué es: condiciones del entorno que facilitan el hecho: víctimas/objetos vulnerables, ausencia de seguridad proactiva (policía, comunidad, tecnología), espacios mal diseñados o procesos débiles (por ejemplo, logística de exportación sin controles).

Como ejemplo está la escalada de violencia con oportunidades sistémicas: procesos logísticos porosos (puertos/contenedores), gobernanza carcelaria y debilidad de inteligencia.

CUANDO COINCIDEN LOS TRES PILARES

Cuando aumenta la rentabilidad criminal (más “querer”), persiste la impunidad percibida y la capacidad logística (más “poder”), y el entorno ofrece ventanas abiertas (más “oportunidad”), el resultado es un salto cuantitativo y cualitativo delictivo: más casos, mayor violencia y profesionalización.

Esta triple convergencia explica picos de extorsión, sicariato y contaminación de cargas. Invertir el ciclo exige intervenir simultáneamente en los tres frentes, priorizando territorios y delitos que más dañan a la ciudadanía y la economía (barrios críticos, corredores logísticos, centros de abasto, entornos escolares).

CONCLUSIÓN: UNA ESTRATEGIA DE TRIPLE CIERRE

La criminalidad escala cuando coinciden alta motivación, gran capacidad e innumerables oportunidades.

Su énfasis está en pasar de la reacción a la estrategia, con inteligencia integrada que actúe sobre (finanzas, mando carcelario, protección política y judicial).

Sin cortar el poder (finanzas + cárceles + corrupción), las medidas sobre querer y oportunidad se diluyen; y sin cerrar oportunidades logísticas y territoriales, el “poder” se reorganiza.

Cada decisión estatal debe evaluarse con base en su impacto sobre estos tres factores. Cuando el Estado logra reducir el querer, limitar el poder y cerrar la oportunidad, el delito pierde oxígeno y la sociedad recupera su equilibrio.